En una casa de Oruro, la hermanastra se queda sola con él y la cosa arranca sin que ninguno lo planee. Entre las chicas de oruro, ella es de las calladas, aunque esta vez los nervios se le notan. Le venía echando el ojo hace tiempo y ese día no hubo vuelta atrás. Es primeriza, se recuesta en la cama despacio, pero no piensa irse de la pieza. Él la banca, la besa de a poco, y ella se va soltando.
La primera vez es torpe y rápida, como todas las primeras. Ella se queja bajito, muerde el labio, y a la segunda ya pide ella. Él no se aguanta y se viene adentro, y a ella le da más risa que otra cosa. Afuera sigue sonando la radio de la vecina. Ella se levanta, se acomoda la falda y sale de la pieza.
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