La oficina quedaba vacía y eso lo cambió todo. La secretaria llega con la camisa blanca y la falda oscura, se sienta en la mesa a ordenar papeles, y el flaco la mira tanto que ella termina riéndose. Deja las carpetas donde sea y se para, dándole la espalda, como adivinando lo que venía.
Le levanta la falda, le baja la bombacha de a poco y la coge por atrás ahí mismo, contra la mesa, sin sacarle la camisa. Ella se queja bajito, agarra el borde y aguanta todo. Puro chicas de la paz casero, grabado con el celular desde una esquina del escritorio. Suenan unos pasos en el pasillo, paran un segundo y siguen de largo. Ella ni abre los ojos.
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