La secretaria está sentada en su escritorio con la camisa blanca puesta, revolviendo papeles que nadie va a leer. El jefe la mira desde la puerta y ella ni se inmuta: deja las carpetas a un costado y se recuesta en el escritorio. El teléfono de la recepción suena dos veces y se corta.
Le sube la falda el mismo, la acomoda en el borde de la mesa y la coge sin sacarle la camisa. Ella se agarra del cajón, se queja bajito y pide más. El reloj de la pared marca las once y ninguno tiene apuro. Porno la paz de oficina, grabado tal cual pasa, con los papeles volando por el piso. Cuando paran, ella vuelve a su silla como si nada y se acomoda el pelo.
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