Mi hermanastra entra a mi pieza cuando ya no hay nadie en la casa. Dice que viene por el cargador, pero se saca la polera de a poco, con la puerta entreabierta. Tiene unas tetotas que se mueven solas cuando la estoy cogiendo. Entre tantas mujeres de oruro calientes, la más rica duerme dos cuartos más allá.
Se sube a la cama y me la chupa despacio, mirándome fijo. Después se pone de a cuatro y se la meto hasta el fondo. Ella se queja contra la almohada y pide más cada vez. Del otro lado la tele queda prendida, nadie le hace caso. Terminamos cansados entre sábanas hechas un desastre, y ella ni se molesta en vestirse.
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