El loco llega con la toalla y el aceite, pero no es para un masaje normal. La orureña está boca abajo en la camilla, el marido a un lado mirando sin decir nada. Le pide que le trabaje el culo y el flaco obedece sin chistar.
Empieza por las culo, despacio, amasando de a poco. De las mujeres de oruro que se dejan tocar sin reparo, esta ni se inmuta cuando las manos bajan más de la cuenta. El marido sigue mirando, cruzado de brazos.
Ella se da vuelta y ya no hay masaje que valga. El masajista se la tiene parada y ella se la agarra sin pensarlo. Aceite por todas partes, la camilla cruje con cada movimiento. La escena corta cuando él todavía no se ha venido.
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