Esta colombiana gritona no se calla en ningún momento mientras se la cogen. Se le nota que le va de verdad y no hace nada por bajar el ruido, todo lo contrario.
Gime fuerte con cada embestida. No baja ni un momento. El cuarto tiene las ventanas cerradas y aun así se escucha hasta el pasillo, así que da igual cerrar. Cuando para un segundo a acomodarse, enseguida arranca otra vez con más fuerza.
Ninguno de los dos dice una palabra que se entienda, solo quejidos. Ella se agarra de la cama y aprieta. Él mantiene el ritmo. Por ahí suena el tono de un mensaje en algún celular y ninguno le hace caso.
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