La sudanesa aparece en la pieza con esa piel oscura que brilla con la luz del mediodía. Se quita la ropa de a poco, sin apuro, mirando a la cámara como si supiera quién va a ver esto después. Es un video casero grabado con el teléfono en un cuarto de Oruro, con la cama hecha un desorden a un costado.
Es de esas mujeres de Oruro que no necesitan compañía para pasarla rico. Se recuesta y empieza a tocarse despacio, primero por encima de la ropa, después piel contra piel. No dice una palabra en todo el video, solo respira más fuerte cuando ya se calentó de verdad. De fondo se escucha la tele en otra pieza y a ella le da igual. Cuando termina, se levanta, se acomoda el pelo y apaga la cámara.
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