El loco llega a la consulta con la excusa de hablar de sus problemas, pero la psicóloga atiende con la blusa más abierta de lo normal y eso ya lo distrae. Hablan diez minutos de estrés y de pareja, hasta que ella se acerca, le pone la mano en el muslo y no hace falta decir nada más. Con una manotada limpia el escritorio.
Ella se sube encima, se baja las calzas y el paciente se la mete ahí mismo, despacio al principio, después a todo lo que da. La tipa pide más entre dientes y le marca la espalda con las uñas. El papelero quedó en el piso desde el empujón y nadie lo levanta. El porno oruro a veces arranca donde uno menos espera, como en este consultorio con los diplomas en la pared.
Él termina adentro, tal como quería desde el principio, y ella queda respirando fuerte boca arriba, con la falda en la cintura y la mirada perdida en el techo.
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