La estrella italiana Sara Diamante llega a la fiesta y no se sienta a mirar. Entre tanta gente elige al loco de la chota más grande del lugar y se le va derecho. Se arrodilla y se la mete a la boca sin sacar los ojos, trabajando de boca despacio, sin apuro. Alrededor, el resto sigue con lo suyo, copas en la mano, nadie dice nada.
Después se pone de a cuatro en el sillón y el chango le entra de una, hasta el fondo. La tipa pide más, se tuerce y jadea con la cara enterrada en el cojín. En una mesa de al lado se cae un vaso y a nadie le importa. Él la sigue cogiendo a todo lo que da hasta acabar adentro.
Así queda la fiesta interracial: el sillón corrido de lugar y las copas tiradas donde sea. Ella se acomoda el pelo con los dedos todavía pegotes y no dice más.
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