El marido salió temprano y el cuñado apareció con cualquier excusa. Ella lo deja pasar, le sirve un café, y a los diez minutos ya están en el cuarto. La puerta queda entreabierta, como si nadie tuviera nada que esconder.
Ella es de esas mujeres de oruro que no cuentan nada, y esta vez tampoco va a ser la excepción. Se pone en cuatro y el loco le da fuerte, sin miedo a que se escuche. La cama golpea la pared y ella se tapa la boca con la almohada.
Después quedan tirados sin hablar. Ella mira el reloj de la pared y le dice que se vista, que el marido vuelve a las seis. Él se ríe y todavia no se mueve.
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