La cuñada pasa frente al baño, ve al che bañándose por la rendija de la puerta y ahí se le va la cabeza. Se queda mirando la chota que se le cuelga llena de jabón y ya no piensa en otra cosa. Se saca la ropa sin hacer ruido y entra a la ducha como si nada.
El cuñado se sorprende un segundo, pero la tipa ya está de rodillas chupándosela con unas ganas que nadie espera en esta casa. Después él la levanta, la apoya contra la pared y se la mete de pie, con el agua cayéndoles encima a los dos. Ella se muerde el labio para no hacer ruido, aunque de poco sirve: se escucha todo. La cuñada es de esas mujeres de oruro que no se quedan con las ganas.
En algún momento se resbala el jabón del canasto y a ninguno le importa. El chango la coge duro hasta dejarla temblando, y ahí nomás corta la escena, con el agua todavía corriendo.
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