La videollamada apenas arranca y la tipa ya está sin blusa. Se pasa la mano por el bajo vientre, de a poco, con la cámara bien cerca. Del otro lado hay alguien mirando y ella lo sabe. La luz de la pieza es esa amarilla de siempre y no se escucha nada de fondo.
Después se acomoda para que se vea todo y se abre el culito de a poco, mirando la pantalla cada tanto. La pulsera de su muñeca suena con cada movimiento. Nadie le dice qué hacer. Es de esas que aparecen cuando buscas videos xxx bolivianas de madrugada, sin guion y sin pose.
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