La de lencería roja se arrodilló frente a su amiga y se puso a trabajarla de lengua sin apuro. La otra abrió las piernas y se dejó hacer, con los ojos cerrados y la cabeza para atrás. En la mesa de lado quedaron unas flores que nadie tocó en toda la tarde.
Después cambiaron de puesto: una se recostó y la otra le devolvió el favor con más ganas. Las dos se quejan bajito, como para no despertar a los vecinos. Hacen sus propios videos xxx bolivianas, grabando desde el celular que quedó recostado en una silla.
Quedan besándose en la cama, una con la mano de la otra entre las piernas, hasta que la risa las interrumpe. Ninguna se levanta a apagar la luz.
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