Eva es una de esas imillas de oruro que no tienen empacho en grabarse. Flaca, con carita de imilla y un cuerpazo muchacho pero ricón. Esta vez se vino con Samael, un chango que ya conoce de antes.
Toda grabada con celular en un cuarto sencillo, sin maquillaje ni arreglo. Él la acuesta y empieza a cogerla despacio, mientras ella lo mira. No hay música ni nada, solo los dos y el ruido de la cama.
Él la agarra de las piernas y levanta el ritmo de a poco. La escena corta justo cuando ella cierra los ojos.
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