La imilla estaba tirada en la cama con su sostén negro, con esa panza de varios meses pero sin perder las ganas. El che le da la vuelta despacio y le mete por el culo de a poco, sin apuro. Ella se agarra de las sábanas y cierra los ojos.
Después él empieza a meterle más fuerte y ella no dice nada, solo respira hondo. Se nota que es algo de porno boliviano bien casero — la tele prendida de fondo, las cortinas mal cerradas. Él la tiene agarrada de la cintura y no afloja.
Paran un segundo. Ella se acomoda la panza y se vuelve a poner. Él la agarra de las caderas y sigue donde lo dejó. Al final se viene y ella se queda boca abajo un rato, sin moverse.
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